El interior de una persona puede estar poblado de orden y de claridad, de creatividad y de armonía, de bondad y humanidad, pero también podemos hallar en él caos, ignorancia, egoísmo, oscuridad.

Es obvio que el poseer un universo interior ordenado y luminoso nos va posibilitando cada vez más en la percepción de ese orden y armonía del mundo exterior. Por eso la verdadera educación, no solo debería ser conceptual y racional sino que tendría que afinar el alma y prepararla en la captación de la belleza, permitiéndonos no solo reconocerla, sino recrearla en las palabras, en los comportamientos y pensamientos.

Cuando la luz de la belleza toca el aspecto visible del hombre se expresa en elegancia.

Cuando se refleja en sus acciones es cortesía.

Cuando impregna sus emociones y sentimientos se manifiesta como bondad de corazón…

…Y cuando ilumina las Ideas, la belleza, es Sabiduría.

 

Miguel Ángel Padilla
El arte y la belleza